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Bad Gyal conquista por segunda vez el Movistar Arena

El pasado domingo 12 de abril, Bad Gyal volvió a subirse al escenario del Movistar Arena para ofrecer la segunda de sus tres fechas consecutivas en la capital, consolidando una propuesta escénica que va mucho más allá del formato concierto.

Tras actuar la noche anterior en el mismo recinto —y con una tercera cita aún por delante—, la artista catalana demostró estar en pleno control de un show que evoluciona hacia lo audiovisual. Su gira Más Cara convierte cada actuación en una experiencia híbrida entre directo musical y narrativa visual en tiempo real.

Bad Gyal via post de instagram

Uno de los elementos más llamativos del concierto fue su escenografía: una estructura que simulaba una casa y que funcionaba como eje central del espectáculo. Este espacio, con sofás y diferentes estancias, subía y bajaba a lo largo del show, alterando la visibilidad del escenario. En varios momentos, la acción se desarrollaba en el interior de esta “casa” cerrada, obligando al público —especialmente al de las gradas— a seguir lo que ocurría a través de las pantallas gigantes.

Lejos de ser una limitación, este recurso se integró como parte del lenguaje del show. Las cámaras, siempre en movimiento, captaban cada gesto, coreografía y pose de la artista, proyectando planos cerrados y encuadres dinámicos que amplificaban su presencia escénica. Así, el concierto no solo se vivía en directo, sino también a través de una realización audiovisual cuidadosamente pensada.

En lo musical, el repertorio puso el foco en su nueva etapa, con temas como Más cara, Da me o FASHION GIRL PT.2, que marcaron el pulso más reciente de su propuesta. Junto a ellas, no faltaron algunos de los temas que han definido su trayectoria, como Comernos, Chulo PT.2, Angelito o Qué Rico, celebrados por un público entregado desde el primer momento.

El cierre llegó con Fiebre, en un final vibrante donde el Movistar Arena se convirtió en un solo coro. La artista dejó espacio para que el público tomara el protagonismo, coreando cada verso y elevando la intensidad hasta el último segundo. 

Un broche contundente para una noche que confirmó a Bad Gyal como una de las propuestas más ambiciosas del pop urbano actual, capaz de transformar el directo en una experiencia inmersiva y total.