Parecía que esa estrella se le resistía, y es que las buenas y verdaderas metamorfosis llevan su tiempo; pero ayer, al fin, la alcanzó; la mariposita azul desplegó sus alas y voló como nunca, ante la atenta mirada de más de 48.000 almas rendidas a sus pies.
El Lluís Companys de Barcelona, fue el estadio elegido por Aitana, para dar el salto a shows de gran formato, y ofrecer así a sus miles de seguidores una experiencia única, en la que no faltaron los ingredientes esenciales para generar en los allí presentes un recuerdo perdurable: provocativas y controvertidas coreografías, pulseritas luminosas, que se encendían a placer de la música; y fuegos artificiales como colofón de lo que fue una imparable explosión de dopamina y endorfinas de más dos horas y media de duración.

A la fiesta no faltaron invitados especiales que provocaron que el público vibrara aún más alto; Josep Montero, vocalista del grupo catalán Oques Grasses, con el que interpretó «La gent que estimo», tema que la mismísima Aitana calificó como su actual canción de cabecera; Ana Guerra, con la que nos pegamos un viaje al pasado, al ritmo de «Lo malo», trasladándonos al principio del comienzo; y el mítico Pep Sala, compositor del inmortal canto al amor, «Boig per tu»; balada que es sin duda, para muchos, el verdadero inicio del principio del comienzo como enamorados de la música; rompedora de estadios, y que ayer no fue la excepción.
Aitana brilló; llegó, vio y venció; y se fue, tras darlo todo, laureada por todos los allí presentes; todos los que la hemos visto encumbrarse, pero también romper su alma en pedazos; y hoy, viéndola hacer historia, no nos cabe duda: amamos a esa chica perfectamente imperfecta y tras el oro en el Estadi, la conquista de la Luna no nos tiene que asustar.
¡A volar, mariposita!
FOTOS: Verónica Méndez












