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Marilia Monzón emociona en un concierto íntimo y lleno de sensibilidad

El pasado 12 de febrero, el bar madrileño Peor para el sol se convirtió en el escenario de una despedida especial. En un formato íntimo y cercano, Marilia Monzón ofreció uno de esos conciertos que se sostienen en la emoción y la verdad, antes de poner rumbo a México para continuar componiendo el que será su próximo trabajo discográfico.

La artista canaria, que desde su paso por Operación Triunfo ha construido un camino propio y coherente, abrió la noche con Pequeñito. Desde ese primer momento quedó clara la atmósfera que marcaría el concierto: delicadeza, honestidad y una conexión constante con el público.

A lo largo de la velada, la cantante recorrió varias canciones de su álbum Prenderé una velita, reafirmando la profundidad emocional de un repertorio que en directo gana aún más matices. Temas como Bailo Conmigo misma y Tranquilo, Mi Corazón fueron recibidos con un silencio atento, casi reverencial, que habla del respeto y la complicidad que genera su propuesta.

Marilia en su concierto en Madrid. Fotos de @nahiasview

También hubo espacio para las versiones, y la canaria interpretó La llorona con una emoción contenida que estremeció la sala. Fue uno de los momentos más intensos de la noche, un puente natural hacia esa nueva etapa creativa que la espera al otro lado del océano.

El concierto dejó además un adelanto exclusivo: la presentación en primicia de Pecado de Inocentes, que ese día aún no había sido estrenada oficialmente y que ya está disponible en plataformas digitales. La nueva canción apunta a una evolución sonora y narrativa que amplía su universo sin perder la esencia que la define.

Acompañada por su pianista y alternando ella misma entre distintos instrumentos, la artista volvió a demostrar su gran nivel vocal, su sensibilidad interpretativa y una naturalidad que traspasa el escenario. No hubo artificios ni grandes recursos técnicos: solo una voz sincera, canciones honestas y un público completamente entregado.

La noche en Peor para el sol no fue solo un concierto previo a un viaje. Fue la confirmación de un momento artístico sólido y en expansión, marcado por la emoción, la coherencia y una identidad cada vez más firme.