Fotografías de Marta Joaquín Julián (@marta.joju )
La banda catalana marcó cuatro noches de euforia, emoción y complicidad con un público que ha convertido sus canciones en himnos compartidos.
El Estadi Olímpic Lluís Companys se llenó para despedir a Oques Grasses en cuatro noches (7, 8, 9 y 10 de octubre) marcadas por la emoción. Miles de personas se reunieron para disfrutar de su directo entre nostalgia, energía y ganas de celebrar. Después de 16 años de trayectoria, la banda de Osona que comenzó en las fiestas de pueblo, ha puesto fin a su recorrido sobre los escenarios con una despedida multitudinaria.
Los conciertos arrancaron con una proyección de imágenes antiguas de los integrantes del grupo, un viaje a sus orígenes que contrastó con la magnitud del espectáculo que estaba a punto de empezar. La aparición de los músicos en la pantalla, entrando en el recinto, anunció la llegada de Josep Montero en solitario a la plataforma situada en el centro del estadio. Acompañado únicamente de su ukelele, el cantante interpretó Córrer pels camps, un inicio que despertó la primera gran ovación de la noche. Después, el grupo se reunió en el escenario principal para cantar algunos de sus temas más celebrados como Petar-ho, Sta guai, Elefants y Cara de cul, acompañados de efectos lumínicos y pirotécnicos.



Fotografías de Marta Joaquín Julián (@marta.joju )
La complicidad y la ilusión compartieron protagonismo con el característico sentido del humor de la banda. Uno de los momentos más celebrados llegó con Cavall Estable, canción incluida en su primer trabajo, Un dia no sé com (2012). Durante la interpretación, los integrantes se fueron pasando el molinillo de viento hasta que llegó a Josep Montero, recuperando un gesto de sus primeros conciertos. El cantante bromeó con la supuesta novedad del tema y el grupo volvió a interpretarlo, provocando una nueva ovación entre el público.
Fue uno de esos instantes en los que la inmensidad del estadio quedó en segundo plano ante la sensación de proximidad y complicidad entre los músicos y sus seguidores.
Durante cerca de dos horas, el repertorio recorrió las distintas etapas de su discografía, desde su último trabajo Fruit del Deliri (2024) hasta Fans del Sol (2019), passant per A tope amb la vida (2021). El público cantó de principio a fin, entregado a cada canción y convirtiendo el Estadi Olímpic en algo más que un recinto de conciertos: un espacio de celebración y vida.
En John Brown, algunos asistentes subieron al escenario para cantar y bailar la típica coreografía junto al grupo, mientras que el confeti reforzaba el carácter festivo del espectáculo. En Passos importants, buena parte del público se desprendió de la ropa y la hizo girar por encima de sus cabezas, en una imagen colectiva que resumía la libertad y la euforia tan característica de la banda.
La espectacularidad continuó con Serem Ocells, durante la cual las plataformas de los músicos se desplazaron, mientras las banderas ondeaban sobre los castells que se levantaban entre público. En la recta final del repertorio se sucedieron canciones como Torno a ser jo, De bonesh y La gent que estimo. Sin invitados especiales y sin bises, Oques Grasses mantuvo el concierto de principio a fin como un único recorrido emocional, en el que lo importante era compartir la música y disfrutar de cada instante por última vez.



Fotografías de Marta Joaquín Julián (@marta.joju )
El desenlace llegó con Sort del tu. Los integrantes del grupo se reunieron en la plataforma central y, antes de la última canción, recorrieron el espacio entre el público para despedirse de los asistentes. La emoción de la noche se mezcló con la alegría de una celebración compartida: más que un adiós convencional, los conciertos se convirtieron en una gran fiesta para celebrar la música y todo lo que ha significado para quienes han acompañado al grupo durante estos años.
«Per amor va començar i per amor s’acaba», expresó Josep Montero. Una frase que condensó el sentido de una despedida en la cual el grupo no sólo repasó sus canciones, sino también los recuerdos que estas han ido construyendo. Durante las cuatro noches, el Estadi Olímpic cantó al unísono, consciente de estar viviendo uno de estos momentos que permanecen mucho después de que se apaguen las luces.
Cuatro estadios, más de 225.000 voces despiden a Oques Grasses de los escenarios, pero no de sus canciones. Porque, aunque el grupo cierre esta etapa, su música seguirá formando parte de la vida de quienes la han hecho suya
Fotografía de Marta Joaquín Julián (@marta.joju )













