Explosivo. Nada más pisar el escenario Nil Moliner conquistó al público. Escasos minutos pasaban de las 21 cuando él y su banda se subían al escenario de la Tarraco Arena ante la atenta mirada de cientos de personas. De hecho, pocas fueron las entradas que quedaron por vender. Tarragona tenía ganas de verle y disfrutar de su música.

El cantante de Sant Feliu de Llobregat arrancó el pasado mes de marzo esta Gira Zero que le mantendrá viajando por España hasta el próximo mes de diciembre. Debido a la pandemia, el artista se vio obligado a replantear su gira ‘Bailando en la Batalla’. Este mismo título lleva el que fue su álbum debut, el cual se lanzó el pasado año. Posteriormente, vio la luz ‘Bailando en la batalla, más que nunca’ que incluye, además de su primer álbum, un segundo disco con 10 canciones extra con colaboraciones, temas inéditos y versiones.

Antes de la llegada de la pandemia, se empezaba a notar cierta afluencia en sus conciertos. Ahora, los recintos son mucho más grandes y las entradas se agotan con facilidad. De hecho, durante el concierto fue el propio Nil quien, al verse en la Tarraco Arena con prácticamente todo vendido, recordó en más de una ocasión su actuación en la Sala Zero de Tarragona en 2018.

Ya sea en recintos más grandes o menos, lo que es innegable es que cuando se sube al escenario, algo sucede: un tsunami de ‘buenrollismo’ arrasa con fuerza todo lo malo e inunda de felicidad a la gente. Desde el primer momento. Fue escuchar las primeras notas de Hijos de la tierra y automáticamente el público entregarse por completo a Nil.

De no haber habido medidas de seguridad debido la situación sanitaria, en la primera canción todo el público ya se hubiese echado a bailar. Temazo tras temazo. Lo mismo hubiese sucedido en Calma, El despertar, Me quedo, Libertad, Sale el sol, Esperando y otra tantas más. A cada cual, mejor. Y, por si las canciones no fueran poco, su actitud sobre el escenario es intachable. Su voz, su carácter, el juego de luces y su complicidad con los músicos y el público, logran que el show sea perfecto.

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Agradecido tanto con su equipo como con el público, a lo largo del concierto, Nil quiso dedicar unas palabras para sus músicos, a quienes consideró ‘hermanos’, y para su equipo técnico. Es más, Nil pidió al público que cantasen el cumpleaños feliz a Roger, uno de sus técnicos.

A su vez, quiso hacer especial mención para su familia, quienes acudieron a verle. Y, en referencia a su público, reconoció su admiración por todos aquellos ‘’que trabajaron durante la pandemia y siguen haciéndolo a día de hoy’’ además de agradecer que ‘’en un momento tan duro económicamente hablando, estéis aquí sentados’’.

Estás palabras sirvieron para dar pie a Mis cicatrices: ‘’espero que, si algún día queda una herida de todo este tiempo, al final quede una cicatriz muy bonita’’. Esta, fue una de esas canciones algo más ‘íntimas’ junto a Solo, Soldadito de hierro o Som ocells, por ejemplo. Canciones que remueven por dentro y que fueron cantadas por el público a pleno pulmón, sobre todo Soldadito de hierro. De hecho, Nil se sentó en el escenario, enmudeció por un momento y miró emocionado a su público.

Para acabar, no podía ser otra: Bailando. Porqué Nil es eso. Es ganas de levantarse y ponerse a bailar. La situación actual no permite hacerlo. Aun así, ayer en la Tarraco Arena parecía que la gente bailase. Su música despierta alegría allá donde suena. Seguro que ya fue así en esa Sala Zero que con tanto cariño recuerda. Distinto escenario, pero misma fuerza y talento. Nil, gracias por contagiarnos de felicidad

El concierto en imágenes:

Por Albert Arias.