A falta de 3 carreras para el final de temporada el mundial está más vivo que nunca. Descalificaciones, remontadas, luchas de despachos y un recital de pilotaje de Hamilton marcan un GP de Brasil histórico.

Max Verstappen llegaba a Interlagos imbatido en el continente americano tras sus victorias en EEUU y México. Con un RedBull en su mejor forma y un Hamilton frustrado viendo como el título se le escapaba de las manos ronda tras ronda, muchos aficionados daban por hecho el ‘triplete’ de las Américas para los de la bebida energética.

Pero nunca hay que caer en el error de subestimar al rival, y menos si se trata de Lewis Hamilton. El inglés, que volvía al escenario que le vio coronarse campeón del mundo en 2008 – en la última vuelta le arrebató el título al anfitrión Felipe Massa – presentó batalla desde el viernes.

En la clasificación a una vuelta le sacó más de 4 décimas a un acechante Verstappen que sufría por mantener el coche en su trayectoria. Sin embargo, la alegría para los de Brackley fue muy efímera. RedBull presentó una queja sobre el alerón trasero de Mercedes y una investigación que se alargó hasta el día siguiente determinó que la configuración del coche de Hamilton era ilegal, por lo que quedaba descalificado y saldría desde el fondo de la parrilla en la ‘Sprint Quali’.

La guerra en los despachos entre los dos contendientes al título es un aliciente más a está batalla en el que cada penalización, multa o varapalo al barco enemigo puede valer un campeonato. Llevamos viendo esta tendencia desde las primeras carreras con las quejas sobre el alerón flexible de RedBull, el sistema de pistolas en los ‘pitstops’ o tocar el coche del equipo contrario en parque cerrado – que le costó a Verstappen una multa de 50.000€.

Con todo el trabajo por hacer de nuevo, una penalización de 5 puestos el domingo por cambio de componentes, y 24 vueltas por delante, Hamilton daba comienzo a su espectacular remontada desde la última plaza. Para la incredulidad de Alonso o el regodeo de Toto Wolff, el 7 veces campeón consiguió escalar hasta la quinta posición, es decir, la décima para el domingo.

Mercedes había enseñado los dientes y Lewis que no estaba dispuesto a dar por perdido el campeonato. Ante esta situación a Verstappen se le planteaba una carrera a la escapada confiando en su segundo de a bordo para ponerle las cosas difíciles al inglés. Pero este fin de semana Hamilton era inevitable. Con una exhibición de pilotaje y un ritmo muy por encima del de todos sus rivales, pronto le dio caza un Max que intentó alargar la lucha pero que finalmente tuvo que rendirse a su rival. Más de 10 segundos les separaban cuando cruzaron la meta.

Este fin de semana nadie pudo parar a Hamilton. De nada sirvieron descalificaciones, penalizaciones o salidas de pista. Firmó un fin de semana digno de sus 7 mundiales y acalló a todos aquellos que han dudado de que este año fuera a presentar batalla hasta el último giro de Abu Dabi.